MERCOSUR  20-50

 

Por Flavio Floreal González Abogado, UBA. Magister en Relaciones Internacionales, FLACSO. Profesor regular adjunto de Derecho de la Integración, Facultad de Derecho UBA. Profesor Titular de Cátedra en Introducción al Conocimiento de la Sociedad y el Estado del Ciclo Básico Común UBA. Coautor del “Manual de Derecho de la Integración” editado por Thomson Reuters La Ley. Autor de “Dumping y subsidios en el comercio internacional” editado por Editorial Ad Hoc. Colaboración en otras obras. Autor de diversos artículos de doctrina en la materia.

Apenas se desató la pandemia del Covid-19, la República Argentina decidió retirarse de las negociaciones comerciales que desarrollaba el Mercado Común del Sur (Mercosur) con Corea del Sur, Singapur, Líbano, Canadá y la India. Luego aclaró que no se retiraba sino que procuraba reclamar que tales negociaciones contemplen la creación de mecanismos de salvaguarda para la producción nacional. En verdad, más allá del episodio cabe resaltar que la agenda extrazona aportó logros significativos para el Mercosur. El tratado con la Unión Europea (UE) fue un verdadero hito pues prevé conformar una zona de libre comercio de ochocientos millones de personas.

Sin embargo también hay que decir que la intención de algunos países miembros de “flexibilizar” el bloque, en otras palabras, de prescindir de la negociación conjunta para habilitar la posibilidad de negociar por su cuenta futuros acuerdos comerciales con terceros estados, parece evidenciar que el Mercosur atraviesa cierta desorientación estratégica frente al escenario internacional que se perfila en las primeras décadas de este siglo.

Frente a ese panorama, considero necesario examinar la cuestión desde una perspectiva sistémica vinculando la política extrazona del Mercosur con dicho nuevo escenario. Es ilógico desligar cualquier decisión que pretenda tomarse con la política extrazona del Mercosur sin tener en cuenta el contexto internacional.

Mínimamente deberíamos preguntarnos hasta qué punto cambió el mundo que vio nacer al Mercosur en el año 1991, para luego analizar si la nueva fisonomía no brinda suficientes motivos para reformular nuestro proceso de integración con una mirada estratégica.

El mundo del libre comercio dominado por EEUU que vio nacer al Mercosur  ya no existe más. Siguiendo a Robert Gilpin podemos concluir que se ha desatado la competencia entre EEUU y China por la hegemonía del sistema internacional de naciones.[2] Una competencia que se desarrollará simultáneamente en diversos “tableros de ajedrez” en los que ganará una u otro contendiente según sea el caso. Y en los que también incidirá el smart power que desarrolle cada uno haciendo valer su peso en los temas en los que son más fuertes para morigerar los costos que sufran en los que son más débiles.

Un escenario complejo e inestable, como todo período de transición de poder de una potencia a otra. Un escenario en el que los países del Mercosur deberán agudizar su visión estratégica para descifrar en qué áreas se hallan las oportunidades para el desarrollo de sus naciones.

En las décadas por venir nuestros estados también enfrentarán  nuevos desafíos a partir de la difusión de nuevas tecnologías y su impacto en los escenarios interno e internacional. Tengamos presente además la situación marginal de nuestra región en las cadenas de valor  que se han conformado alrededor de EEUU, China y Alemania.[3] No hay una “fábrica sudamericana” de bienes y servicios. Frente a las redes regionales encabezadas por dichas potencias económicas, urge potenciar al Mercosur como plataforma de nuestras economías pues pareciera que la dimensión nacional ya resulta no resulta suficiente. Tal cuestión no será un tema menor si queremos evitar los errores del pasado (ser la periferia de una potencia hegemónica) que nos condenaron a ser meros proveedores de materias primas. ¿Acaso queremos repetir experiencias como las del Pacto Roca Runciman?

Nuestros países tendrán que repensar su estrategia y evaluar las mejores opciones para enfrentar el escenario de competencia entre EEUU y China

.Determinar si lo haremos como free riders o si nos conformaremos con ser una mera terminal dependiente de uno de los centros de poder. China ya tiene una política para nuestros países[4]. EEUU hace rato que tiene claro lo que pretende de nosotros. ¿Acaso no llegó la hora de definir la nuestra? ¿En qué situación queremos estar cuando lleguemos a la primera mitad del  S XXI? ¿Por qué nos ha resultado hasta ahora imposible pensar estratégicamente en el Mercosur que necesitamos para el año 2050?

Es necesario incluir en el Mercosur un capítulo vinculado con la geopolítica. Desde esa perspectiva urge un plan Mercosur 20-50. Nuestros países tienen intereses compartidos independientemente de la afinidad ideológica de los gobernantes de turno. Los incentivos para la integración sudamericana siempre estuvieron dados por los desafíos que provienen del escenario internacional antes que por la escasa complementariedad de nuestras economías.

Brindar respuestas a las preguntas formuladas excede a este trabajo. La idea es poner el acento en la relevancia de las preguntas que tenemos por delante. Preguntas imprescindibles para definir la política extrazona del Mercosur frente a los desafíos de las próximas décadas.

 

[2] Ver ROBERT GILPIN,  “The Theory of Hegemonic War.” The Journal of Interdisciplinary History, vol. 18, no. 4, 1988, pp. 591–613. Antes, dicho autor había desarrollado su teoría en ROBERT GILPIN “War and Change in World Politics”, New York 1981, Cambridge University Press.

[3] Para ampliar ver “Global Value Chain Development Repor 2017 – Measuring and Analyzing the impact of GVC´s on Economic Development” Edit. Por World Bank Group, IDE-JETRO, OECD, UIBE, WTO.

[4] Documento sobre política China hacia América Latina y el Caribe del 24 de noviembre de 2016.

Share This