Resulta difícil y controvertido determinar el comienzo de un ciclo histórico. Más de 50 años de inestabilidad institucional tipificaron una sociedad donde la anomía definió la vida de los argentinos. La década del ’70 dejó su huella, en la Argentina y el mundo, de enfrentamientos y luchas fratricidas. Importantes sectores sociales no pueden eludir su responsabilidad ante la barbarie del siglo XX. Violencia, proscripción política, cercenamiento de los derechos y libertades individuales fue una constante en distintos gobiernos militares y civiles. La historia del terrorismo de Estado en Argentina, durante los años setenta y los ochenta, no puede ser abarcada integralmente si no consideramos los hechos y las políticas producidas durante el gobierno Peronista de 1973-1976.
Levantó la Unión Cívica Radical, en la campaña de marzo de 1973, la consigna “Un Cambio en Paz”. Se vivía un cambio de época y el surgimiento de una primavera democrática, con un fuerte contenido esperanzador. Volvíamos al Estado de derecho y el abrazo de Perón con Balbín, su viejo adversario encarcelado, reflejaba la Unión de los Argentinos. No obstante ello, las contradicciones internas en la sociedad y en el seno del peronismo se potenciaron y profundizaron usando el método de la violencia para dirimir los conflictos. Con el regreso de Perón al país, 20 de junio de 1973, aún en forma inorgánica, comienzan a actuar los grupos de ultraderecha.
El bloque de senadores de la UCR impulsa en el Congreso el esclarecimiento de los hechos de violencia de Ezeiza. Surge la Triple A cuyo jefe es José López Rega, secretario del presidente Perón y ministro de Cámpora, Perón e Isabel. Su primera víctima fue el senador radical Hipólito Solari Yrigoyen, su “pecado” fue, en un discurso de más de 6 horas en el Senado de la Nación, proponiendo la democracia sindical. Muerto Perón se limitan las libertades públicas; se cierran medios periodísticos; se intervienen las universidades; se persigue y encarcela a opositores. Recrudece el uso de la violencia para dirimir las internas en el seno del peronismo entre los grupos juveniles de la guerrilla y la ortodoxia de derecha. Plantean los Montoneros “agudizar las contradicciones”, creyendo errónea y suicidamente que el golpe militar iba a favorecer su accionar foquista. Frente a los avances de la guerrilla, con intentos fallidos de copamientos a cuarteles, se firma el decreto de aniquilamiento a la subversión y se designa a Albano Harguindeguy como jefe de la policía Federal. Se gestaba el huevo de la serpiente con las decisiones políticas, la incapacidad y complicidad del gobierno peronista. Se inicia el 24 de marzo de 1976 la etapa más siniestra, oscura y tenebrosa de la historia argentina.
En tiempos de oscuridad hubo quienes siguieron la lucha por el restablecimiento de la Constitución, denunciando las barbaridades de la dictadura y sembrando para un futuro democrático. Merece destacarse el pronunciamiento de los economistas de la UCR, luego del discurso del 2 de abril del ministro Martínez de Hoz, el 14 de abril: “se puede afirmar que se ha partido de la concepción de que favoreciendo los intereses empresarios y creándoles un clima de seguridad y libertad, sin interferencias del Estado, se puede lograr una recuperación de la economía argentina, por el solo juego de las fuerzas del mercado y el incentivo de ganancia de los empresarios. De este juego resultarán más favorecidos los intereses particulares que los generales, aumentará la desocupación y, consecuentemente, la inestabilidad económica y social del país. La opinión pública llegará a la conclusión de que este gobierno ha tenido por finalidad la protección de intereses de grupo (…) No se promoverá el desarrollo económico basado en el equilibrio y la participación responsable de los distintos sectores. No se logrará la concreción de una situación socio-económico que asegure la capacidad de decisión nacional. No mantendrá el Estado el control sobre áreas vitales que hacen a la seguridad y al desarrollo. No se obtendrá el bienestar general a través del trabajo fecundo. No habrá un adecuado sentido de justicia social. Sí habrá discriminaciones. Sí será un gobierno de sectores y para mantenerlo: no se respetarán las garantías individuales. Y no se trabajará para la recreación de una democracia efectiva imaginativa y fuerte que asegure su carácter representativo, republicano y federal”. En definitiva la dictadura buscó perpetuar un modelo económico-social de exclusión social, endeudamiento externo, desindustrializador y de sometimiento a los enclaves financieros internacionales.
Desde la prohibición de toda actividad política la UCR siguió con actividades desde la clandestinidad. Pronunciamientos a través de documentos y diversas publicaciones, reuniones y actos conmemorativos de fechas históricas, defensa de quienes eran perseguidos por su compromiso político o social, etc. Sufrieron la cárcel Illia y Balbín -junto a otros dirigentes- en plena dictadura. También. dejaron su huella quienes sufrieron el secuestro, cárcel, tortura y muerte o el exilio por defender las ideas del radicalismo. Queremos recordar algunos de ellos:
MARIO ABEL AMAYA -HIPOLITO SOLARI YRIGOYEN: fueron secuestrados el 17 de agosto de 1976, conducidos al centro de detención del Regimiento 181 de Comunicaciones. Luego de un traslado a la cárcel de Rawson, son puestos a disposición del PEN por el Decreto 1.831/76. Amaya muere en prisión, en la cárcel de Devoto, producto de los tormentos a que es sometido. Afirma Raúl Alfonsín en las exequias de Amaya: “venimos a despedir a un amigo entrañable, adornado con virtudes singulares nada comunes (…) Un amigo valiente que no sabía de cobardías, pero venimos también a despedir a un distinguido correligionario, a un hombre radical, a un hombre de la democracia…” Solari Yrigoyen, luego de 9 meses de detención y tormentos, debido a la presión internacional de importantes personalidades es obligado al exilio. Ambos habían sido electos legisladores nacionales por la provincia de Chubut en 1973, integrando las listas del radicalismo. Solari Yrigoyen se convertiría, luego de un largo exilio, en uno de los próceres de la Democracia.
LUIS ARÉDEZ: Intendente por la UCR de Libertador General San Martín (Jujuy), entra en conflicto con el ingenio Ledesma por el pago de impuestos. Ya como médico, defendiendo a los trabajadores del ingenio, había tenido fuertes conflictos. Secuestrado el 24 de marzo de 1976, permanece dos meses en calidad de desaparecido. Junto a 41 personas deja de estar a disposición del PEN en marzo de 1977. Siendo secuestrado en calidad de desaparecido en mayo de 1977. A pesar de los reclamos de Illia, Balbín y Oñativia nunca volvió con vida. Su mujer Olga Márquez continuó la lucha.
SERGIO KARAKACHOFF: fue un importante dirigente estudiantil, en palabras de Ricardo Campero: “el giro a una visión nacional del movimiento estudiantil lo genera la Franja, entre los reformistas del mismo modo que la erradicación del gorilismo en su visión del peronismo. En eso el gran incidente fue Sergio Karakachoff, no obstante, graduado aportó a nuestra formación”. Durante 1970 crea y dirige “En Lucha” órgano de la militancia radical. Fue abogado de la CGT de los Argentinos. Es electo Convencional Nacional de la UCR y participa activamente en la redacción de la plataforma para las elecciones de 1973. Durante la mañana del 9 de septiembre de 1976 unos 10 falcón verdes realizan un operativo en el domicilio del socio de Karakachoff. Son secuestrados y sometidos a torturas, sus cuerpos acribillados son arrojados a la vera de la ruta 36. Denuncia el hecho Raúl Alfonsín en la revista Propuesta y Control. Por su parte Ricardo Balbín, expresaba: “cumplo con el deber inexcusable y la irrenunciable obligación de expresar la indignada protesta y requerir el esclarecimiento de los hechos de los que resultaron víctimas en la ciudad de La Plata los jóvenes profesionales Dres. Sergio Karakachoff y Domingo Alberto Teruggi, el primero de los cuales integraba la honorable Convención Nacional de la Unión Cívica Radical (…) Han ocurrido muchos hechos deplorables, producto de la irracionalidad y del desprecio por los derechos humanos que caracteriza la acción de los violentos…” Desde el balcón de la Junta Central de la UCR de La Plata despidió los restos Federico Storani: “abrimos este local porque ésta era la casa de Sergio Karakachoff cuya militancia en las filas de la UCR era por todos conocida. No aceptamos provocaciones, ni nos van a intimidar con este tipo de acciones”. Desde el cementerio habló Anselmo Marini: “en estas horas inciertas y brumosas que vive la sociedad argentina, le ha tocado al doctor Sergio Karakachoff caer víctima de un brutal, infame e incalificable asesinato (…) yo digo aquí que pudieron suprimir la vida física de Sergio Karakachoff pero no sus ideas…”
ANGEL PISARELLO: al producirse el golpe de 1976 era presidente del Comité de la provincia de Tucumán de la UCR. Durante la presidencia de Perón, 1951, funda el periódico radical “Llegaremos”. Hace una defensa de las políticas sociales del peronismo, pero sin renunciar al compromiso con la república y las libertades individuales. En esos tiempos fue electo senador provincial por la UCR. Impulsor y protector de los jóvenes radicales de militancia estudiantil. Defensor de los presos políticos. Dos bombas fueron colocadas en su casa de Piedras 772, al mismo tiempo se destruía el Comité Central del radicalismo provincial. Es secuestrado el 24 de junio de 1976, su cuerpo apareció con las manos atadas con alambre y con claras señales de torturas el 1° de julio en Santiago del Estero. Expresó la mesa directiva del Comité Nacional, 25 de agosto 1976, con la firma de Balbín: “Ante el asesinato del correligionario y amigo de tantas luchas y presidente del Comité Provincia de Tucumán, declaramos: que la violencia que tanto daño dentro y fuera del país, se ha caracterizado por muertes, secuestros y desapariciones de los que han resultado víctimas civiles y militares, sacerdotes y empresarios, obreros, jóvenes y policías. Cada caso sin distinción mereció nuestra condena…”
Muchas mujeres y hombres del radicalismo sufrieron durante la Dictadura la persecución, el secuestro, la cárcel y la tortura o el exilio por su compromiso cívico. Dirigentes gremiales, estudiantiles y sociales pagaron con su vida, desde la militancia radical, por creer en la Democracia. Merece destacarse entre otros la cárcel y tormentos que sufrió Víctor Marchesini. Presidente del Colegio de Abogados de Misiones y docente universitario, defensor del Movimiento Agrario Misionero. Diputado provincial durante el gobierno de Arturo Illia, fue electo diputado nacional en 1983. Estuvo detenido cuatro años, su cautiverio fue representado en Teatro por la Identidad en la obra “Sin manos”. También, debemos recordar el accionar poco reconocido de OIERA -Oficina Internacional de Exiliados del Radicalismo Argentino- y su publicación “La República”. Adolfo Gass e Hipólito Solari Yrigoyen convocaron, fundamentalmente en México, Caracas y París y Madrid- a quienes desde el pensamiento radical debieron soportar un forzado exilio. Leandro Despouy, Daniel Larriqueta, Teresa Anchorena, Eduardo Saguier, Carlos Perez Gresia, Angel Tello, Miguel Angel Picatto, Manolo Canals, Eduardo Avila, Osvaldo Dei Castelli, Luis Brandoni y Marta Bianchi entre otros. Primero desde el exilio y después acompañando al presidente Alfonsín fueron protagonistas de nuestra historia.
Frente al aniversario del golpe importantes sectores políticos, económicos y sociales no pueden eludir su responsabilidad histórica. Quienes ante una débil tradición democrática y racionalista le opusieron un discurso violento y una práctica del mal absoluto. El terrorismo de Estado mostró su rostro en los desaparecidos y en una cultura del silencio y del no te metas. Levantar banderas de paz, tolerancia, libertad e igualdad era prácticamente predicar en el desierto. Hubo quienes desde la lucidez y el coraje resistieron desde el primer día. Defender la vida fue un compromiso cívico para los radicales. Cuando la confianza en la vida ha desaparecido, aparece el que se anticipa. El que se adelanta al propio curso de la historia, el que marcha a la cabeza de los procesos políticos, sociales y culturales. El que ejerce una critica y una conciencia ética precursora. Aquel que denuncia y busca desmontar la barbarie, señala lo que debe quedar atrás y marca el camino de lo nuevo. Ese hombre fue Raúl Alfonsín, desde el radicalismo.