17/4/2026, Ciudad Autónoma de Buenos AIres, Argentina
“La universidad pública genera 14.000 millones de dólares en la industria del software, no maten a
la gallina de los huevos de oro”, fue la frase que dejó la clase pública dictada en reclamo del
cumplimiento de la Ley de Financiamiento Universitario.
Sucedió durante una clase pública dictada al caer la tarde de ayer en las emblemáticas Torres Catalinas en
el microcentro porteño, donde docentes y estudiantes del Departamento de Computación de la
Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA debatieron sobre la relación entre la universidad
pública y la industria del software. El objetivo fue poner de relieve que la grave situación por la que
están atravesando las casas de estudio afecta de manera directa incluso a los sectores más
dinámicos de la economía.
Señalaron que el cumplimiento de la Ley de Financiamiento Universitario es urgente: “No sólo no hay
fondos para investigación, además estamos perdiendo docentes todos los días y eso se debe a que los
salarios están en la mayoría de los casos por debajo de la línea de la pobreza. Como ejemplo, para
que un profesor gane lo mismo que en diciembre de 2023 ajustado por inflación, el sueldo actual
debería incrementarse en un 54%”.
A la hora de detallar el origen de la cifra de 14.000 millones de dólares debidos a la universidad pública,
explicaron que según los datos oficiales más recientes de la Cámara Argentina de Software (CESSI),
durante 2024 la facturación de las empresas del sector alcanzó los USD 22.221 millones mientras
que las exportaciones se ubicaron en torno a los USD 2.570 millones. El mismo reporte consigna
159.257 empleos registrados.
Los docentes de la UBA resaltaron que son esos trabajadores y trabajadoras quienes permiten las
ganancias de las empresas. “En el caso de una fábrica, desde el sentido común podría pensarse que es la
materia prima lo necesario para que la empresa pueda vender y tener ganancia, en el caso del software se
trata exclusivamente de personas poniendo su conocimiento e ingenio. Sin informáticos e informáticas
las computadoras solas no generan productos de software”, sostuvieron, y añadieron “La universidad
pública forma los talentos que la industria necesita para poder absorber con éxito el impacto de cambios
tecnológicos disruptivos, como hoy representa la IA”.
Explicaron que si bien no hay datos oficiales públicos sobre la formación de ese plantel, sí hay otras
fuentes como encuestas periódicas que tienen niveles muy altos de participación en el rubro (como la
encuesta de salarios del colectivo sysarmy). En su versión más reciente dicha encuesta señala que 79%
de los trabajadores/as del sector tienen formación universitaria, completa o en curso. A su vez, según
datos de la Secretaría de Políticas Universitarias el 80,2% de la matrícula universitaria argentina
corresponde a la universidad pública. Combinando de forma conservadora ambas fuentes se puede
estimar que al menos un 63,35% del plantel de las empresas de software de la Argentina fue o está
siendo formado por la universidad pública.
En consecuencia, la formación que brinda la universidad pública permite que se generen más de
14.000 millones de dólares al año de facturación y más de 1.600 millones de dólares de exportación
en la industria de software del país. Desfinanciar las universidades públicas es también poner en jaque
a una de las industrias más dinámicas del país.
Los docentes se preocuparon por señalar que no se trata de señalar a las empresas sino todo lo contrario:
de señalar que con el desfinanciamiento por parte del gobierno se pone en peligro la simbiosis
virtuosa entre empresas y universidad pública.
La ley de financiamiento universitario fue aprobada por ambas cámaras, luego insistida con mayorías de
dos tercios ante el veto presidencial, y finalmente sostenida por el congreso cuando se la intentó derogar
en la ley de presupuesto. Pocas veces una ley tuvo tal nivel de consenso. Aún así, el gobierno se niega a
cumplirla, incluso desobedeciendo fallos judiciales que así lo indican.
Sin universidad pública no hay economía del conocimiento, ni polo de inteligencia artificial,
ni industria del software.
