El miércoles 29 de abril, mientras Manuel Adorni exponía ante la Cámara de Diputados su primer informe de gestión, a 1.600 kilómetros de distancia se abría el Foro Llao Llao en Bariloche. Dos escenas simultáneas, en apariencia inconexas, que dicen más de la Argentina real que cualquier indicador macroeconómico. Y una tercera que ocurre todos los días, sin cámaras: la de las familias que no llegan a fin de mes porque la mitad de su sueldo va a pagar deudas.
El jefe de Gabinete y el arte de no responder
Adorni llegó al Congreso con la investigación por presunto enriquecimiento ilícito encima y con Milei, Karina y el gabinete en pleno en los palcos como escudo político. La oposición había enviado más de 4.800 preguntas. El gobierno respondió algo más de 2.000. El resto, silencio.
Lo que no se pudo silenciar fue el cruce con el diputado radical platense Pablo Juliano. La escena tenía una precisión casi literaria: los dos son de La Plata, los dos se compraron el traje en cuotas en la misma casa de ropa del centro de la ciudad, Carzalo, cuando asumieron sus cargos. Esa imagen fue la que usó Juliano para marcar la distancia entre ese Adorni que llegaba justo y este Adorni que hoy es investigado por inmuebles y viajes de lujo: “Nos metieron en un ajuste en donde vos ahora estás haciendo contorsionismo con tus propios números y obligás a que la Argentina haga contorsionismo para subirse al bondi después de haber trabajado”. Y remató: “Hoy están de paro todas las universidades y tu gobierno vino acá porque no podés explicar algo tan elemental”.
El presidente de la Cámara, Martín Menem, le cortó el micrófono varias veces porque Juliano lo tuteaba. “Diríjase de usted”, le recriminó. La escena tenía algo de surrealista: Menem exigiendo respeto protocolar mientras, al salir del Congreso, Milei le gritaba a los periodistas acreditados que eran “chorros y corruptos”. El respeto, al parecer, se aplica de manera selectiva.
La pregunta que quedó sin respuesta es elemental: ¿de dónde viene el dinero de Adorni? ¿Cobra un sobresueldo? ¿De dónde? ¿De la SIDE? ¿De alguna otra “cueva subterránea del estado? El perverso sistema de los sobresueldos en negro a funcionarios tiene historia larga en la Argentina. Según documentó el periodista Mariano Obarrio en La Nación hace varios años, existe desde el último gobierno militar y se consolidó durante el menemismo, al punto que Menem fue condenado en 2015 por pago de sobresueldos con fondos reservados. Lo pagaban casi todos los altos funcionarios. Lo coordinaba una oficina. Los cobraban casi todos. Al parecer, ni siquiera Milei, que supuestamente vino a terminar con la casta, lo erradicó.
Adorni eligió el camino del populismo que decía combatir: “que lo investigue la Justicia”. Por supuesto que debe investigarlo. Pero la sociedad también tiene derecho a saber. Y ese contrato, como señaló Juliano, ya está roto: “¿En qué parte ganar una elección te embebe de impunidad?”.
“Esto no era para el Congreso, era para la sociedad, que estaba esperando otro tipo de respuestas a preguntas súper elementales.” — Diputado Pablo Juliano

El cónclave de los ricos y la empatía que no llega
Ese mismo miércoles, mientras Adorni esquivaba preguntas en el Congreso, en el hotel Llao Llao de Bariloche se cerraban las puertas para el empresariado más concentrado del país. Más de 150 participantes que juntos acumulan al menos 17.500 millones de dólares, según Forbes. Marcos Galperin, el hombre más rico del país, con 8.500 millones. Eduardo Elsztain, anfitrión, dueño del hotel y de IRSA (Fuente: DiarioAr). Los fundadores de Globant. Federico Braun. Todo bajo la Regla de “confidencialidad”: hermetismo total, la prensa afuera. Son totalmente cerradas las charlas. Galperin, en particular, es el más reacio a cualquier apertura: en una edición anterior pidió explícitamente a los guardias de seguridad que retiraran a los periodistas cuando él entró.
Los organizadores tuvieron la inteligencia de invitar a Daniel Lauretta, el investigador del CONICET que lideró la expedición submarina que descubrió 40 nuevas especies en el cañón del Mar del Plata y que fue seguida en vivo por casi 18 millones de personas en todo el mundo. Lauretta hizo algo que ninguna campaña de marketing logra: hizo querer a la ciencia argentina, emocionó a millones de personas frente a una pantalla mirando el fondo del Atlántico. Que lo hayan invitado al foro dice algo bueno. Pero el CONICET que produce a Lauretta es el mismo que este gobierno desfinancia. La paradoja es demasiado grande para ignorarla.
Y luego estuvo la escena que más define el espíritu del encuentro. Victoria Alonso, ex vicepresidenta de Marvel Studios, planteó algo concreto: el cine necesita inversiones, necesita apoyo del Estado. Alonso habló también de su historia personal: vivió la represión de los años 70 y dijo que ella podría haber sido “la treinta mil y uno”.
Nadie le había pedido a Cristiano Rattazzi que respondiera, como señaló Francisco Olivera en La Nación. Pero Rattazzi levantó la mano. Dijo que no le correspondía al sector privado salvar al cine ni a la cultura. Y de paso cuestionó la cifra de los desaparecidos, agregando que habían sido 8.000, cifra también inaceptable, dijo.
La escena concentra dos problemas en uno. Primero: Rattazzi eligió el blanco equivocado. Victoria Alonso no es una militante de la izquierda local. Es una mujer que llegó a los 19 años sin nada a los Estados Unidos, que construyó desde abajo una carrera en Hollywood hasta llegar a la vicepresidencia de Marvel Studios, que produjo “Argentina, 1985” y que participa hace años en Ventana Sur, el mercado audiovisual más importante de Iberoamérica, discutiendo exactamente cómo se financia y se sostiene una industria cultural. Cuando alguien así dice que el cine necesita apoyo del Estado, no lo dice desde la “grieta”: lo dice desde el conocimiento concreto de cómo funciona la industria más competitiva y rentable del entretenimiento global. Descartarla con un manotazo no es una postura liberal. Es ignorancia con micrófono.
Segundo: abrir un debate sobre los números del terrorismo de Estado frente a alguien que lo vivió en carne propia no es valentía intelectual. Es falta de empatía. Todo lo que huela a responsabilidad social, a inversión pública en cultura, en ciencia, en educación, es descartado con una etiqueta: “riesgo K”, gasto improductivo, herencia del populismo. Como señala Ernesto Tenembaum, están encerrados en el Llao Llao, son los más ricos del país, pero se creen los dueños de la verdad. Saben construir un gasoducto. Saben hacer dinero. Pero entender los efectos sociales de un plan económico requiere otra cosa. Requiere salir del hotel.

La deuda que la gente sí paga
Afuera del hotel y afuera del Congreso, la economía real mostraba su cara más dura. Lo mencionó Silvia Naishtat en su columna en Radio con Vos. El endeudamiento de las familias argentinas con tarjetas de crédito y billeteras virtuales es alarmante. En Santa Fe, la morosidad en el sistema financiero: en billeteras digitales y fintech llegó al 29,9%. El 33% de los empleados estatales de esa provincia tiene descuentos en sus cajas sueldo por deudas de tarjeta de crédito con intereses feroces.
El fenómeno no es exclusivamente argentino. Brasil lo viene sufriendo de manera brutal: 82 millones de personas, el 70% de la población adulta brasileña se encuentra hoy al borde de un abismo financiero. enfrenta dificultades serias para pagar sus deudas. Las tasas de interés en tarjetas superan el 14% mensual. Si alguien refinancia una deuda de 1.000 reales hoy (equivale a 200 dólares), un año después debe 4.000 (equivale a 800 dólares). Es usura pura. Así lo describió la corresponsal de Perfil en Brasil, Eleonora Grojman. https://www.perfil.com/noticias/internacional/el-feroz-endeudamiento-de-la-poblacion-brasilena.phtml
¿Qué hizo Lula? Ordenó a los bancos ofrecer planes flexibles de refinanciación para las familias. No porque sea un iluminado, sino porque entendió que si la mitad del ingreso de la gente va a pagar intereses, la economía no crece y el problema se vuelve sistémico.
¿Qué hizo Pullaro en Santa Fe? Lanzó el Plan de Protección de los Ingresos: refinanciación de deudas, límite de descuentos salariales al 25%, líneas de crédito a tasas por debajo del mercado, hasta 60 cuotas para unificar compromisos. “Una experiencia inédita en el país y en Santa Fe”, definió el propio gobierno provincial.
¿Y el gobierno nacional? Silencio. El mismo Milei que en 2024 también en el Foro de LLao LLao llamó “héroes” a los empresarios que fugaron capitales “por evadir las garras del estado”, sigue sin una respuesta concreta para las familias que no llegan a fin de mes.
Lo que une las tres escenas
Adorni sin explicar de dónde viene su plata. Rattazzi cuestionando a una experta mundial en industria audiovisual y de paso reabriendo el debate sobre los desaparecidos frente a alguien que lo vivió. Milei llamando corruptos a los periodistas al salir del Congreso. El gobierno nacional mirando para otro lado mientras las familias se ahogan en deudas. No son cuatro noticias separadas. Son síntomas del mismo problema: una conducción política y un empresariado líder que ha perdido la capacidad de conectar con la realidad de la mayoría.
Dentro del propio foro, según trascendió, ya empieza a escucharse algo distinto. Un empresario que participó admitió en reserva que “hay energías para construir, pero también hay un malestar profundo que se siente en la calle y que empieza a llegar al mundo empresario”. Algo llega. Tarda, pero llega. (Si es así, van muy lento)
El equilibrio fiscal es un logro real. Nadie sensato lo niega ya. Pero no es un fin en sí mismo: es una condición necesaria, no suficiente. Mientras Lula y Pullaro entienden que gobernar implica también proteger a los que pierden en el camino, acá seguimos discutiendo si los desaparecidos fueron 8.000 o 30.000 en un foro donde los más ricos del país deliberan en secreto. Algo, en ese cuadro, no cierra. #DespiertaProgresismo #DespiertaDesarrollo+Igualdad
Laura Echezarreta