LA NOCHE DE LOS BASTONES LARGOS
✍Lic. Ricardo O. Campero
El 29 de julio de 1966 ocurrió la denominada “Noche de los Bastones Largos”, con la que concluyó la jornada que constituyó el más grave atentado contra la ciencia, la cultura y las universidades argentinas, hasta ese momento. Aquellos episodios llevaron ese nombre por el tamaño de los bastones que portaban los agentes de la Policía Federal Argentina durante la represión desatada en cinco facultades de la Universidad de Buenos Aires.
A la mañana de aquel día se dio a conocer el Decreto-Ley N.º 16.912, que concretó uno de los principales objetivos de la autodenominada Revolución Argentina, instaurada por la dictadura militar encabezada por el teniente general Juan Carlos Onganía, que un mes antes había derrocado al presidente constitucional, el radical Arturo Illia. (1)
Aquel decreto determinó la intervención de las universidades, anuló su autonomía y el gobierno tripartito y prohibió la actividad política estudiantil. La intervención de las universidades nacionales constituyó uno de los objetivos prioritarios del régimen surgido del golpe del 28 de junio de 1966. La decisión pretendió desarticular espacios autónomos de pensamiento crítico y participación política. Estaba en línea con una corriente (la de la cruz, el hisopo y la espada) con propósitos unanimistas presente en el país hasta el advenimiento de la democracia en 1983.
Por esta norma los rectores pasaban a ser meros interventores delegados “normalizadores” del Ministro de Educación, y los decanos meros dependientes de ellos. Los interventores podían reformular planes de estudio, cambiar decanos, cesantear profesores, designar nuevos docentes y otras decisiones de gestión de carácter general. Entre ellas, el arancelamiento.
Declaró ilegales las actividades políticas explicitando para las universidades la represión a la política de todo los ámbitos desde la disolución del Congreso Nacional y los partidos políticos. Por eso los centros de estudiantes podían ser disueltos si no cumplían con la prohibición. Entonces, en la cúspide de la nueva estructura universitaria, pasó a estar Carlos María Gelli y Obes (2) mediante una decisión militar aconsejada por el periodista Mariano Grondona, un personaje central para la instauración de la dictadura.
En la noche de aquel 29 de julio ocurrieron los hechos de violencia contra la comunidad universitaria conocida como LA NOCHE DE LOS BASTONES LARGOS, de los que trascendieron los ocurridos en las facultades de Ciencias Exactas y Naturales, Arquitectura, Filosofía y Letras, Ingeniería y Ciencias Económicas.
La primera fue la de mayor repercusión histórica. No se trató de una toma de la facultad, como intentó instalar la propaganda oficial de la dictadura, sino de una reunión del Consejo Directivo, a la que además de sus integrantes, asistieron numerosos miembros de los tres claustros para seguir las deliberaciones.
Bajo la dirección del operativo contra ellas estaba el general Mario Fonseca. Un contingente fuertemente pertrechado forzó las puertas e ingresaron en ejercicio ya de la anulación de la autonomía, luego de arrojar gases lacrimógenos por las ventanas del edificio de La Manzana de las Luces. Con más gases y sus bastones largos desataron una violenta represión que culminó con la detención de profesores, estudiantes y egresados. En todo el país entendía y atendía la misma el Ministro del Interior Enrique Martínez Paz (3).
Hasta el decano Rolando García fue golpeado y herido, con visibles lesiones y pérdida de sangre, aunque no fue detenido. El que sí fue detenido fue el Vicedecano Manuel Sadosky cuando se presentó en una comisaría para averiguar el paradero y la situación de las personas arrestadas. Matemático de prestigio internacional, Sadosky renunció a su cargo tras la intervención y continuó su labor académica en el exterior, primero en Uruguay y luego en Venezuela.
Renunciaron también ocho decanos y el rector Hilario Fernández Long, respecto de su renuncia, complementaba la declaración inmediata al golpe del 28 de junio de 1966, en el que vinculaba democracia con autonomía universitaria.
En la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales Sadosky dirigía el centro de computación científica y el equipo que había impulsado fue desmantelado. Cerca de cuarenta investigadores y técnicos fueron golpeados y, en su mayoría, emigraron. En ese centro funcionaba “Clementina”, la primera supercomputadora científica adquirida a Inglaterra en 1958. Era la “Clementina 1” que recibió ese nombre porque al encenderla reproducía la melodía de “Oh My Darling Clementine”. Así, el dato humano y casi simpático se superpone al contraste con la violencia de aquella jornada. La “Clementina 2” se instaló en el año 2000.
En la Facultad de Arquitectura la irrupción policial estuvo acompañada por la destrucción de la sala de dibujo, en un acto que simbolizó el desprecio del régimen por la autonomía universitaria, por la actividad académica y por la infraestructura científica.
Además del éxodo internacional (expertos en captación de talentos de Mexico, Estados Unidos y Brasil, entre otros, vinieron al país para contratar nuestro talento) el daño se producía con el perjuicio por la pérdida de expertos en las cátedras y el abandono de la universidad para ir a la actividad empresarial o a destinos que no tenían nada que ver con sus disciplinas. El químico Carlos Abeledo también emigró a Chile para destacadas actividades científicas y nos da cuenta del carácter o fundamentos de las renuncias.
Junto con Manuel Sadosky y Carlos Abeledo (4), debieron abandonar la universidad y, en muchos casos, continuar sus carreras en el exterior figuras de primer nivel, entre otros Rolando García, decano de Exactas; que luego desarrolló una destacada trayectoria científica en Europa junto a Jean Piaget; Gregorio Klimovsky, uno de los principales matemáticos y epistemólogos argentinos; Juan Roederer, físico especializado en radiación cósmica que continuó su labor en Estados Unidos; Félix González Bonorino, considerado uno de los geólogos más importantes del país; Amílcar Herrera, geólogo y referente internacional en política científica para el desarrollo; y Tulio Halperín Donghi, uno de los historiadores latinoamericanos más prestigiosos, que prosiguió su labor académica en universidades del exterior.
Entonces la estrategia fue poner el capital científico en defensa de la ciencia y las universidades argentinas y producir un duro golpe a la dictadura. Dada la jerarquía alcanzada por esos equipos, la medida impactó en redes académicas globales, universidades y organismos internacionales que repudiaron el quiebre institucional en la Argentina. Esa dimensión internacional fue parte central del sentido político de aquellas decisiones, más allá del doloroso vaciamiento que provocaron en el país.
Así, se logró una repercusión internacional inmediata y profunda. Universidades, academias científicas y centros de investigación de numerosos países expresaron su solidaridad con la comunidad universitaria argentina y su preocupación por el avasallamiento de la autonomía. La prensa internacional dio amplia cobertura a los hechos y presentó la violencia ejercida como un grave retroceso para la ciencia y la cultura del país. Entre los testimonios más significativos se destacó el de Warren Weaver, una de las figuras más influyentes de la cooperación científica internacional desde la Fundación Rockefeller, quien manifestó su consternación por la destrucción de un ámbito de excelencia que la comunidad científica internacional había contribuido a desarrollar. A ello se sumó el testimonio del matemático estadounidense Warren Ambrose, profesor visitante del MIT y testigo presencial de la represión en la Facultad de Ciencias Exactas, quien al día siguiente envió una carta al New York Times describiendo la violencia policial y advirtiendo sobre el daño profundo que aquella intervención ocasionaría al desarrollo científico argentino.
Pocas semanas más tarde, 182 físicos de Europa y los Estados Unidos, entre ellos seis premios Nobel, dirigieron una carta a las autoridades argentinas denunciando la destrucción de uno de los centros científicos más prestigiosos de América Latina y expresando su solidaridad con los investigadores desplazados.
Estas reacciones expresaron una convicción compartida en la comunidad científica mundial: la Noche de los Bastones Largos no fue sólo un episodio de represión política, sino un golpe de enorme magnitud al desarrollo científico, tecnológico y universitario de la Argentina. Su repudio y evocación permanente fue una bandera de los estudiantes y los demócratas en la lucha contra esa dictadura. Y los sigue siendo en defensa de la universidad pública.
Notas
(1) La intervención de las universidades nacionales constituyó uno de los objetivos prioritarios del régimen instaurado tras el golpe de Estado del 28 de junio de 1966. La autodenominada Revolución Argentina procuró desarticular los espacios autónomos de pensamiento crítico, prohibió la actividad política, disolvió los partidos y buscó subordinar la universidad pública, la ciencia y la cultura a un proyecto autoritario inspirado en un reaccionario modelo económico, social y de valores.
Desde el mismo momento en que el presidente constitucional Arturo Illia era desalojado de la Casa Rosada, la comunidad universitaria comenzó a expresar su resistencia. En la Universidad de Buenos Aires, su rector era Hilario Fernández Long, que fue un destacado ingeniero civil, un humanista socialcristiano que colocó la defensa de la autonomía universitaria y del orden constitucional por encima de cualquier diferencia ideológica. En un histórico pronunciamiento convocó a los claustros a defender la autonomía universitaria y a mantener vivo el espíritu democrático, reafirmando los principios de la Reforma Universitaria y repudió el golpe.
Luego, Fernández Long no aceptó convalidar la intervención decretada por el gobierno de facto y presentó su renuncia antes que permanecer al frente de una universidad cercenada en su autonomía. Ese gesto lo convirtió en uno de los símbolos de la dignidad universitaria argentina. Con el restablecimiento de la democracia fue convocado por el presidente Raúl Alfonsín para integrar la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (CONADEP), en reconocimiento a su autoridad moral y a su compromiso con los valores republicanos. Posteriormente, la Universidad de Buenos Aires lo distinguió como Profesor Emérito y le otorgó el título de Doctor Honoris Causa, honrando una trayectoria inseparable de la defensa de la universidad pública, la ciencia y la democracia.
El repudio a la alteración del orden constitucional y anticiparse a lo que ocurriría en la educación, particularmente en las universidades, la resistencia fue también cosa del movimiento estudiantil y ocurrió entre el golpe y la Noche de los Bastones Largos. Los primeros fueron los estudiantes reformistas de la Facultad de Ciencias Económicas, Comerciales y Políticas en la ciudad de Rosario de la Universidad Nacional del Litoral que tenía su Rectorado en la capital santafesina. Allí se constituyeron, mientras en Buenos Aires era desalojado de la Casa Rosada Arturo Illia. Redactaron un documento distribuido en la ciudad en el que llamaban a repudiar el golpe. Desde allí fueron expulsados por la gendarmería nacional que ya estaba acuartelada en su comando a metros de la Facultad. Esa fuerza, en tanto impidió lo propio en la Facultad de Ciencias Médicas por la dirección del Centro de Estudiantes que dirigía el Movimiento Nacional Reformista. (MNR).
En ese mes de julio también es fuerte la movilización del estudiantado Cordobés dirigido, principalmente, por Franja Morada y el Integralismo. Importantes manifestaciones ocurrieron también en La Plata y Tucumán.
Aquella temprana reacción estudiantil constituyó uno de los primeros actos públicos de resistencia universitaria frente al nuevo régimen. Un año más tarde, muchos de aquellos estudiantes reformistas participarían en la constitución nacional de Franja Morada, junto con las regionales de La Plata y Córdoba. Paralelamente, el Movimiento Nacional Reformista consolidaría una corriente universitaria que con el tiempo sería una de las principales canteras de dirigentes del socialismo .
Con el restablecimiento de la democracia en 1983, varios de quienes protagonizaron aquellas primeras jornadas de resistencia integraron el gobierno constitucional del presidente Raúl Alfonsín, desempeñándose en responsabilidades legislativas, universitarias, diplomáticas y ejecutivas, proyectando en la vida democrática los valores que habían defendido desde las aulas.
Una década más tarde, numerosos protagonistas de estas luchas serían perseguidos por la última dictadura cívico-militar. Muchos fueron asesinados o permanecen desaparecidos. Entre ellos, Sergio Karakachoff, destacado dirigente reformista de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales de la Universidad Nacional de La Plata, Su destino sintetiza el dramático derrotero de una generación que, desde la universidad, defendió la libertad, la democracia y los derechos humanos. Igualmente que Domingo Teruggi y Enrique Pankonin en La Plata y Eduardo Garat presente en esa noche rosarina,
Con el restablecimiento de la democracia en 1983. Varios de quienes protagonizaron aquellq primera jornadas de resistecia, intrgraron el gobierno de Raul Alfonsin, desempeñandose como legisladores, diplomáticos y miembros del poder ejecutivo.
(2 )Carlos María Gelli y Obes fue un abogada e historiador que completo sus estudios en la Escuela Hispanoamericana de Sevilla durante el Gobierno de Francisco Franco.
(3 )Enrique Martínez Paz, jurista cordobés y ministro del Interior del gobierno de Onganía en 1966, era un referente del catolicismo socialcristiano, ligado a los cursillos de cristiandad y vocero de una derecha de tono corporativista. Desde esa concepción adversa a los partidos políticos y proclive a reemplazarlos por la representación de los llamados cuerpos intermedios, tuvo bajo su órbita la Policía Federal, responsable de la represión en la Noche de los Bastones Largos.
(4 ) Raul Alfonsin designo a Manuel Sadosky Secretario de Ciencia y Tecnología encomendándole la reconstrucción del sistema científico argentino. El Ministro de Educacion y Justicia Carlos Alconada Aramburu, en tanto, designo a Carlos Abeledo Director del CONICET, del que fue Presidente. Actualmente es directivo de la Fundación Alem.
(5)Esta repercusión clarifico las posiciones que habían en el debate de la comunidad universitaria acerca de la pertinencia política de las renuncias. Es que solo éstas podían tener un alto impacto para la defensa de la democracia y de los principios y las instituciones de la reforma universitaria de 1918. De allí la demanda a otros, de parte del movimiento estudiantil, de permanecer en sus cátedras. Un caso peculiar era el de MNR con la consigna de Resistencia o Normalización con la que paralizó parte de lo que posteriormente sería la Universidad Nacional de Rosario.
