El problema de Venezuela no es solamente Maduro, Delcy Rodríguez y el régimen chavista. También es una oposición que ha demostrado enormes limitaciones para construir una alternativa política capaz de sacar al país de la crisis.

Los acontecimientos protagonizados por María Corina Machado ayudan a comprender algunas de las debilidades de la oposición venezolana. Por ejemplo, en Barcelona, se realizó la Cumbre Global Progressive Mobilisation impulsada por el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, y reunió en abril de este año 2026 a dirigentes de relevancia internacional como Lula da Silva, Claudia Sheinbaum, Cyril Ramaphosa, Tim Walz y Chris Murphy para debatir y armar estrategías en defensa de las democracias, por la cooperación internacional y frente al avance de las derechas radicales. Corina Machado decidió no participar. La dirigente opositora venezolana se reunió en paralelo exclusivamente con referentes de la oposición conservadora española y hasta rechazó explícitamente un encuentro a solas, con Sánchez. Prefirió mantener distancia de presidentes y dirigentes políticos de distintas regiones del mundo mientras fortalecía sus vínculos solo con los sectores conservadores de España más cercanos a Donald Trump.

Su apuesta estratégica fue clara: buscar respaldo en Washington. Llegó incluso a regalarle su Premio Nobel de la Paz a Trump como “reconocimiento por su actuación en la crisis venezolana”.

Sin embargo, los hechos muestran los límites de esa estrategia. Según reveló el Wall Street Journal, hace pocos días, cuando Corina Machado intentó regresar a Venezuela desde Virginia a través de Curazao en vuelo privado, tras terremotos que afectaron dramáticamente al país, la operación fue cancelada cuando el avión ya se encontraba en vuelo!!. Y fue por orden de la propia administración estadounidense. Imaginen la escena, la líder opositora ya estando en el avión volando camino a Curazo, la hicieron pegar la vuelta a Estados Unidos!!. Aquellos dirigentes en los que ella había depositado todas sus expectativas políticas terminaron considerando que su regreso a Venezuela en medio de la tragedia del terremoto que dejó más de 2500 muertos, podía resultar inconveniente. O sea la amenaza ahora es Corina!. En rigor de verdad, desde el comienzo, mucho antes del terremoto, la mantuvieron al margen del proceso político venezolano.

Al mismo tiempo, el discurso de Washington parece haber cambiado. Hoy la prioridad declarada ya no son la democracia, las libertades públicas o la necesidad de terminar con el autoritarismo venezolano. Las preocupaciones pasan por la estabilidad política, la reconstrucción tras los terremotos y los intereses energéticos. Mientras tanto, Maduro fue removido del poder  y trasladado a Estados Unidos, pero Delcy Rodríguez continúa ocupando el centro del poder y Machado sigue sin poder regresar a su país.

Por eso el problema venezolano no puede reducirse a una simple confrontación con el régimen. Venezuela merece algo mejor que el autoritarismo, pero también algo mejor que una dirigencia opositora que ha regalado la lucha por la autodeterminación de un pueblo y ha depositado demasiadas expectativas en actores externos con muchos intereses de parte.

La paradoja es evidente: Estados Unidos intervino de manera decisiva en Venezuela, removió por la fuerza al presidente del país a punta de pistola a media noche y lo mantiene detenido en territorio estadounidense. Sin embargo, lejos de haber impulsado una transición democrática clara, hoy también condiciona los movimientos de la principal dirigente opositora. Quienes justificaron esa intervención en nombre de la libertad, la democracia y los derechos de los venezolanos deberían explicar por qué, después de todo lo ocurrido, Delcy Rodríguez sigue concentrando poder, María Corina Machado no puede regresar a Venezuela y los objetivos que supuestamente motivaron la intervención continúan sin cumplirse.

La tragedia venezolana demuestra que depender de actores externos tan poco diversificados y con fuertes intereses económicos  para resolver una crisis política interna, no garantiza ni la democratización ni la construcción de una alternativa superadora. Venezuela no solo sufrió el autoritarismo chavista; también enfrenta las consecuencias de una estrategia que subordinó buena parte de su destino político a decisiones tomadas fuera de sus fronteras y con petroleointereses.

Laura Echezarreta

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