Los 18 meses
Por Gonzalo Berra, economista
Caputo y los 18 meses: la historia del pronosticador que siempre promete que esta vez es distinto
En abril, el ministro prometió los mejores dieciocho meses en décadas. Es la última de una larga serie: del bono a cien años al rebote en forma de V, su carrera está hecha de futuros luminosos que el presente terminó desmintiendo. La pregunta ya no es si acierta. Es por qué le seguimos creyendo.
El 14 de abril, ante los empresarios reunidos en el Amcham Summit, Luis Caputo volvió a trazar la curva del porvenir. Los próximos dieciocho o veinte meses, dijo, serían los mejores que la Argentina viera en décadas. Lo hizo el mismo mes en que la inflación de marzo había trepado al 3,4%, el valor más alto del año, y después de admitir que en 2025 el país había crecido 4,4% cuando su potencial era 7%. El dato no acompañaba. La profecía, sí.
Conviene no quedarse en la frase, sino en quien la pronuncia. Porque Caputo no es un funcionario más anunciando un futuro mejor: es, probablemente, el pronosticador más persistente de la economía argentina reciente. Y su biografía es un muestrario de futuros que no llegaron.
El hombre que vendió cien años
Junio de 2017. Caputo, entonces ministro de Finanzas de Mauricio Macri, sorprendió al mundo colocando un bono en dólares a cien años de plazo. Dos mil setecientos cincuenta millones, a una tasa del 7,9%. La emisión, explicó, era posible porque la Argentina había recuperado la credibilidad y la confianza del mundo. Apostó cien años de estabilidad para un país que en seis décadas había acumulado cincuenta y seis de déficit y un puñado de crisis homéricas. Algunos economistas lo llamaron, sin eufemismos, un delirio.
El delirio tardó poco más de un año en mostrarse. En 2018 el peso perdió la mitad de su valor, la tasa de interés trepó al 60% y el país volvió, otra vez, al Fondo Monetario. Caputo, ya al frente del Banco Central, quemó reservas para sostener una moneda que se le escapaba de las manos. Renunció en septiembre, con el dólar disparado, tras haberle confiado a Macri que habría que bancarse verlo llegar a cuarenta porque la buena noticia —el acuerdo con el FMI— borraría todo lo demás. No borró nada. El bono a cien años no sobrevivió ni a una década: fue reestructurado en 2020, monumento a una confianza que no existió.
El rebote que tenía forma de letra
Saltemos a 2024. Caputo, ahora ministro de Milei, dibujó otra figura luminosa: la recuperación en forma de V. Caída profunda y veloz, rebote igual de empinado; en diciembre de ese año, prometió, la actividad estaría de nuevo en el nivel previo a la asunción. La economía cayó 1,8% en 2024 y rebotó 4,4% en 2025, pero la letra no cerró: buena parte de ese número fue arrastre estadístico, la industria siguió cayendo y, tras un primer trimestre en alza, la actividad encadenó tres trimestres de estancamiento. Más que una V, una raíz cuadrada dada vuelta.
En el camino quedaron otras profecías. Que la inflación tendría certificado de defunción. Que se podía volver a los mercados internacionales sin acumular reservas, solo con la fuerza de las expectativas. Lo primero no ocurrió: la inflación se estancó entre el 2 y el 3% mensual y, en apenas cuatro meses de 2026, ya había superado la meta que el propio gobierno fijó para todo el año. Lo segundo tampoco: el Banco Central incumplió la meta de reservas del Fondo y debió pedir una dispensa por miles de millones.
Esta vez es distinto
Hay un libro de Carmen Reinhart y Kenneth Rogoff que estudia ocho siglos de crisis financieras y encuentra, debajo de todas, la misma frase. Esta vez es distinto. Es la convicción —siempre sincera, siempre seductora— de que las viejas reglas no se aplican, de que el patrón histórico, esta vez, no se repetirá. Reinhart y Rogoff demuestran que esa frase no es una observación: es el síntoma. Aparece, con puntualidad de reloj, justo antes de que el patrón vuelva a repetirse.
La carrera de Caputo es una colección de “esta vez es distinto”. El bono a cien años lo era. El rebote en V lo era. Los dieciocho meses lo son. Cada profecía pide que olvidemos la anterior, que ignoremos cuántas veces falló la anterior, que creamos que el rezago de la realidad —dieciocho meses, veinticuatro, veintiséis— terminará, esta vez, dándole la razón.
No se trata de negar lo hecho. La inflación bajó desde el 211% anual con que cerró 2023 y las cuentas públicas mostraron superávit por primera vez en más de una década. Son logros reales. Pero una cosa es administrar el presente y otra es vender el futuro, y Caputo lleva casi diez años vendiendo el mismo futuro con distinta tipografía.
El mes diecinueve
La pregunta que deja la profecía de los dieciocho meses no es si se cumplirá. Es por qué, después del bono a cien años y del rebote que nunca tuvo forma de V, seguimos midiendo el porvenir argentino con la regla de quien más veces se equivocó al medirlo. El examen verdadero no es el mes dieciocho, ese horizonte que siempre se corre un casillero más allá. Es si esta vez, por fin, dejamos de creerle a quien lleva casi diez años prometiendo que esta vez sería distinto.
Imagen de portada realizada con IA