SIN COMPROMISO ACTIVO DE LOS TRABAJADORES NO LA DETENEMOS.
Por Ricardo Alfonsín
Sin duda, las sociedades actuales siguen siendo muy injustas. Pero no tanto como hace 100 o 200 años.
¿No creerán q siempre existieron la jornada de 8 horas, la prohibición del trabajo infantil, el aguinaldo, las vacaciones, las jubilaciones, la indemnización por despido o por accidentes de trabajo, la antigüedad y los convenios colectivos?
Imagino q tampoco creerán que estos derechos comenzaron a existir gracias a decisiones generosas y espontáneas del capital. De ninguna manera. Si la relación laboral hoy es más justa, fue por la lucha de los trabajadores y de las fuerzas políticas comprometidas con la justicia social. Una lucha que supuso grandes sacrificios, a veces supremos. La historia lo prueba.
Pero estas conquistas no están aseguradas. Es más, desde que la política se divorció de la ética (neoliberalismo), se vienen produciendo retrocesos. Y esto es lo que está ocurriendo con esta reforma: el gobierno pretenden regresar a tiempos en los que la relación entre capital y trabajo era mucho más injusta y autoritaria.
Por supuesto, no lo va a decir. (En Francia, en la primera mitad del siglo XIX, cuando se trataba la prohibición del trabajo infantil, quienes se oponían sostenían q “se atentaba contra la cultura del trabajo y la competitividad de la economía”. ¿Les suena?)
Solo la participación y la lucha de los sectores populares puede detener esta dinámica. Y no será fácil, para nada. La política no es omnipotente. Pero sin ella, el retroceso está asegurado. No hay transformación posible, ni buena ni mala, sin el acompañamiento mayoritario de la sociedad. Y no se trata solo de ganar elecciones.