Crónica de la reunión del Foro Encuentro Reformista — 4 de marzo de 2026

Afuera el calor del verano. Adentro, en el Ateneo Gabriela González Gass, el clima tiene otra temperatura: la de las conversaciones que importan. Personas con vocación política y pasado común que siguen teniendo mucho para aportar.

Tomás Carretto – Anfitrión- y Laura Echezarreta abren el encuentro, explican el objetivo del Foro. “Conversar, romper barreras que hacen que nos movamos sueltos o en grupos cerrados. Tender puentes, generar debates que construyan”.  Rotando por diferentes barrios y comités.

No hay protocolo vacío ni discurso de ocasión. Hay sillas en ronda, hay radicales que decidieron venir. Y eso, en estos tiempos, ya es una declaración.

Silvia Collin toma la palabra y hace algo valioso e incómodo a la vez: cita a quienes nos miran desde afuera. Santiago Fioritti-periodista- escribe que la UCR sigue quebrada, lejos de la institucionalidad que supo mostrar. Alejandro Borensztein-columnista político- va más lejos todavía, con esa ironía que duele porque es precisa dice: habría que proponer una ley de protección a la UCR para que no se extinga.

Silvia Collin lo dice con claridad: estamos en un momento muy crítico, quizás como nunca antes. Y tiene razón. Lo que parecía imposible —reforma laboral, glaciares, baja de la edad de imputabilidad— se aprobó en cinco minutos. No porque sean las mejores leyes pero las cosas cambiaron. Quizás no supimos ser la alternativa que este momento necesitaba. El 50% de la población trabaja en negro. Algo había que hacer. ¿Cuál fue nuestra propuesta?

La pregunta queda en el aire, no como reproche, sino como brújula.

 

Juan Carlos Farizano hace lo que pocos se animan: mirar el pasado sin romantizarlo. El radicalismo tomó la Argentina luego de Menem con una deuda inmensa, ajena, heredada. Y  pagó el precio de la salida del “uno a uno”, y  cargó con el 2001. Desde ese momento la gente nos retiró la confianza. No fue injusto. Pero tampoco fue la historia completa.

Desde entonces, dice Farizano, el partido dejó de jugar en primera línea. Y nunca más volvió.

Necesitamos una conducción nacional para el partido. Pero hay algo nuevo. Este momento, con Pullaro al frente de la provincia, con nuevo presidente en el Comité Nacional que reunió a intendentes radicales de todo el país, mostrando gestión concreta, abre una señal.

 

Inés Parry plantea la pregunta más difícil: ¿a quién queremos representar?

No alcanza con la inercia ideológica. No alcanza con el progresismo como pose. Cuando la UCR ganó la Ciudad, lo hizo con De la Rúa, que no era la imagen más vanguardista del espectro político. Y sin embargo ese gobierno creó el “Buenos Aires Presente”. (y alguien le agrega: “mucho antes que el slogan del peronismo: estado presente”) Se puede ser progresista sin impostarlo. Se puede defender ideas de fondo sin quedar presos de una retórica que aleja a la gente en lugar de convocarla.

El péndulo vuelve, dice Inés. Siempre vuelve. La pregunta es si nos va a encontrar bien parados o discutiendo entre nosotros mientras el país se mueve.

Así, luego de estas 3 exposiciones se abre el debate y comienza el diálogo entre tod@s los presentes.

Alguien dice que la crisis política excede al radicalismo, que es del mundo entero, pero que nosotros somos garantes del sistema democrático y eso nos obliga más, no menos.

Otro dice que hay que definir a quién le hablamos. Que algunos radicales pescan en la pecera de Milei y eso no tiene ningún sentido. Además si somos la copia del original, la gente vota al original.

Una dirigente de larga trayectoria dice algo que golpea fuerte: “Yo tengo que hablar como ONG porque no hay un posicionamiento. La gente no sabe en qué somos distintos a los oficialismos de Nación y de CABA.”

Una mujer propone una mirada distinta. Quizás, dice, en lugar de tanto debate abstracto hay que meterse en los problemas concretos. Ella está relevando los ascensores rotos del subte. Esa es su política. Pequeña, visible, cercana. Y tiene razón también: las grandes causas se construyen con pequeñas presencias.Necesitamos las dos.

Se habla de comunicación. De que Myriam Bregman, con mucho menos estructura, logra instalar un mensaje claro y estar más presente en el debate público que la UCR.

La UCR en cambio emite comunicados muy condencientes con Milei. O quienes se resisten a Milei, salen con documentos eternos, largos, que nadie lee.

Se habla de la clase media. Alguien plantea que Milei la está llevando hacia la extinción. Y de que la clase media es precisamente nuestro electorado histórico. Ahí está la oportunidad, si sabemos verla, gestar pensando en este sector.

Algunos mencionan que hoy el partido no funciona como instrumento político. No hay espacios de debate institucional. No se proponen acciones conjuntas.

Falta acordar reglas mínimas. Falta un banco de políticas públicas. Falta una plataforma que nos permita hablar con una sola voz sobre lo esencial. Falta establecer ”mínimos comunes unificadores”

Y al mismo tiempo sobra algo: la idea de que el adversario está adentro. Ese juicio inclemente que le aplicamos a los propios —más severo que el que le aplicamos a dirigentes de otros partidos— nos debilita sin necesitar que nadie más lo haga.

El adversario está afuera. No adentro.

 

 

Hay una ilusión que el radicalismo ha sostenido nostálgico: la de que va a llegar un nuevo Alfonsín. Una figura que sintetice, que inspire, que convoque. Un liderazgo tan poderoso que resuelva por sí solo la crisis.

Ese liderazgo existió. Fue real. Fue extraordinario. Y precisamente por eso no se repite.

Alfonsín puede seguir siendo un faro. Una brújula moral, una referencia histórica, una voz que nos recuerda por qué entramos a esto. Pero esperar que aparezca su réplica es una manera elegante de no hacer nada. Es postergar la responsabilidad colectiva en una promesa que no va a llegar.

Lo que hay, en cambio, son las personas que estuvieron esta noche en el Ateneo Gonzalez Gass. En esta reunión del Foro Encuentro Reformista.

Son tod@s dirigentes con trayectorias.

Y entre tod@s conincidieron en que necesitamos avanzar hacia un partido que construya colectivamente, que acuerde reglas, que defina a quién representa, que hable con claridad, que esté cerca de la gente, que dispute el poder real en lugar de conformarse con pequeños espacios de incidencia.

Eso no lo hace un nuevo Alfonsín. Lo hace el radicalismo cuando decide ser lo que ya sabe ser.

La reunión termina. La gente se va en grupos, sigue hablando en la vereda. Eso también es una señal. Cuando las conversaciones continúan después de que se apagan las luces, es porque algo verdadero estuvo pasando adentro.

El Foro Encuentro Reformista existe para esto. Para que esas conversaciones no se pierdan. Para que se conviertan en algo más que palabras. Y las palabras en acción.

La Argentina no espera. Y tenemos que estar preparados!

 

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